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lunes, 8 de septiembre de 2008

Lucha contra la corriente


(Esto se me ocurrió viendo un fragmento de una película de chicas surfistas)

Aquellas épocas de mi niñez, en las que el mar aún no estaba tan cochino estaba limpio.
Aquellas en que todavía resultaba limpio, en que no se hablaba tanto de cáncer a la piel, e, insisto, la contaminación de mar...
eran épocas de verano, de veranos de 1993, 1994, 1995...
Definitivamente no era mi primer encuentro contra el mar... pero tal vez es uno de los q más recuerdo.
El mar, siempre agresivo y a la ofensiva.
El (yo), un niño de 8 años con cero experiencia, que sólo quería jugar en el mar, y éste se lo impedía.
Entonces... estábamos ahí... sólo los 2... habían cientos de personas ese domingo de verano en (la playa de) Huanchaco...
Pero en ese momento, no existía nadie más... eramos, el mar y yo.
Un niño alegre risueño simpaticón divertido intimidado por las fuertes olas...

(Es una escena parecida de la película donde después de haberse accidentado surfeando, y tiene que concursar, entonces... se encuentran el mar y ella, en una lucha cuasi-emocional y blablabla)
Y ahí estaba yo... ahí estaban las olas...
o me salía del agua (no es una opción el rendirse)
o me dejaba llevar, arrastrar y maltratar por las olas (tampoco era mi opción preferida)
o me detenía con fuerza, sin dejarme empujar por las olas, pero sin avanzar para no ser vulnerable.
O avanzaba contra las olas, a pesar de descuidar la defensa, pero avanzar al fin y al cabo, que era lo que quería.

Aquel niño inspirado en Superman, fanático de Wolverine y de Spiderman, no podía permitir que un pequeño miedo frustre toda la diversión playera...
(tomé, pero suena mejor en 3ra persona) Tomó aire, y empezó a correr mar adentro, con olas cada vez más altas...
Y ahí logró ver la ola que marcaría su día de playa, y ahí empezó la cuenta regresiva...
y ahí... segundos interminables... el inicio de una pelea sucia...
Y ahí lo revolcó una vez más, una agresiva ola enviada por poseidón..
Pero eso no fue suficiente para desistir... lo intentó nuevamente... con más fuerza y con más ganas...
Y lo logró... y de ahí se fue a tomar unas chelas con poseidón, colorín-colorado
Decidió arriesgar, y obtuvo lo que quería... divertirse, pasar las olas en contra sin que te revuelquen y te rompas huesos ni nada de eso!

(fin)

Ahora es, muchos años después, que viene ese recuerdo a mi mente =)
Y es ahora donde me doy cuenta que ese simple juego se puede transformar en una filosofía de vida...
Si no arriesgas no ganas... muy escuchado siempre.

Arriesgar no es un juego. Es la única opción para alcanzar la meta.

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